Yo me considero una persona puntual, es más, llegar tarde a algún sitio me hace sentir francamente mal y por lo general llego a las citas antes que la otra persona. Pues lo paradójico es que mi madre y mi abuela consideran que soy una tardona por naturaleza!!!!

Las pobres tienen parte de razón porque cuando quedamos con ellas algunas veces nos retrasamos. Al principio yo me molestaba en justificar que mi marido o mis hijos no estaban preparados, que el partido de uno de los niños se había retrasado o simplemente que aparcar había sido un calvario… y realmente era así, algunas circunstancias que no dependían de mi hacían que el resultado final fuera un retraso!!!! Pero ellas no atendían a razones…” cuando nos dices la hora ya sabemos que vendrás más de media hora tarde”… Ellas me han colgado la etiqueta de tardona y no hay nada que hacer!!!!!

Una vez conocí a una familia de lo más original, cualquier decisión que se tomaba debía tener el beneplácito de la hermana mayor a la que llamaban “le conseiller”. Dónde tenían que comprarse los padres su vivienda, el negocio que quería montar el cuñado, las expectativas profesionales de las demás hermanas… cualquier decisión era sometida a la opinión de “le conseiller” y si ésta no lo veía bien el resto de la familia iba cambiando hasta que por unanimidad la opinión de la hermana!!!!!!!

QUE PASSA CON ESTAS ETIQUETAS QUE NOS CUELGAN LAS MEREZCAMOS O NO?

Lo primero,es que queda demostrado lo que en muchas ocasiones digo: «el hecho de que tú actúes de manera correcta no te garantiza al 100% que los demás lo vean así». Por lo tanto si tu estás convencido de lo que haces, muchas veces las justificaciones sobran.

Cuando la etiqueta está colgada, o quizá podríamos hablar de estigmas o categorizaciones, es complicado y costoso cambiarlo. Es importante que nos planteemos si esa energía que gastaremos  nos compensa. En mi caso, que me llamen tardona a nivel familiar realmente no me influye demasiado… con lo cual cuando me di cuenta de que mi etiqueta estaba puesta deje de luchar, no me compensa!

Cuántas veces hemos oído a algún maestro diciendo: éste era el payaso de la clase. En muchas familias se cuelga una etiqueta a cada uno de los componentes, el hermano simpático, el inteligente, el pobrecito… De hecho en este momento se representa en el teatro Romea “ Una aire de familia”  muy  apropiada para el tema.

Lo más importante a nivel psicológico es la repercusión que tienen estas categorizaciones en nuestro autoconcepto y por tanto en nuestra autoestima. Imaginad que con la insistencia de mi familia, acabo creyendo que soy impuntual, o “le coinseller” acaba pensando que  su familia no puede hacer nada sin su opinión, o que el alumno en cuestión acaba creyendo que es un payaso y por tanto se comporta como tal, o aún peor aquellas familias que acaban llamando a uno de los hijos “ el pobrecito Juan”… el problema viene cuando Juan lo integra y por tanto comienza a dudar de todos sus potenciales y capacidades… el no puede hacer más, es el pobrecito Juan! ….Por no hablar de aquellos pacientes que vienen a la consulta diciendo “ es que mi madre dice que yo soy depresiva”

Así que el ejercicio que os propongo en éste post es revisar  esas etiquetas que todos llevamos colgadas y someterlas a un análisis exhaustivo para comprobar si son ciertas o no, y sobre todo no las incorporéis nunca a vuestro autoconcepto sin haber hecho este ejercicio. Es mucho más frecuente de lo que os pensáis

Vuestra autoestima tiene que estar relacionada con lo que realmente sois, no con lo que los demás han decidido que sois.

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