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En todas estas situaciones y muchísimas más vemos implicado uno de los conceptos estrella en psicología LA AUTOESTIMA.
Su importancia radica en el gran poder que tiene para condicionar nuestras conductas diarias en todos los ámbitos de nuestra vida.
Aunque no seamos del todo conscientes, nuestra autoestima es esa mano que va moviendo los hilos por arriba y por abajo, restando o aportando libertad para comportarnos como realmente deseamos.
Todos en mayor o menor medida, hemos elaborado una idea sobre su significado y esto hace que entendamos por ejemplo a un amigo cuando nos dice que una determinada experiencia le ha dejado “la autoestima por los suelos”. Vamos a pensar que se siente:
• Inseguro de sí mismo
• Débil ante los otros
• Con sentimientos de inferioridad
• Sin confianza en sus recursos personales
Hablar de autoestima es hablar del nivel de afecto y consideración que tenemos hacia nosotros mismos, hacia nuestra identidad, tanto física como psicológica. La autoestima es por naturaleza frágil y a lo largo de la vida se verá afectada en muchas ocasiones.
Aunque las definiciones son importantes para ponernos todos de acuerdo sobre lo que estamos hablando, lo realmente interesante de este concepto es saber: primero que se construye (que no es innata), y segundo cómo se construye.
Saber que se construye implica que no es estática ni inamovible y que por lo tanto, siempre vamos a poder mejorarla, partamos de donde partamos.
Saber cómo se construye, nos dará pistas de qué necesitamos trabajar o en qué poner énfasis:
1.- Alcanzar las metas u objetivos que nos vamos proponiendo en la vida, construye autoestima porque nos demuestra que somos capaces de conseguir lo que nos proponemos. Nos graba en nuestras neuronas “yo puedo”. Alcanzar metas nos hace sentir conductores del coche de nuestra vida y no meros pasajeros al lado de un piloto que no siempre nos lleva hacia donde queremos ir.
Es necesario hacer un inciso en este punto: alcanzar un objetivo no siempre va a depender exclusivamente de nosotros. Muchas de nuestras metas o necesidades pasan por obtener el apoyo o la colaboración de los demás.
Esto nos lleva a la segunda forma de construir autoestima:
2.- Tener éxito en nuestras relaciones sociales o lo que coloquialmente llamamos “tener don de gentes”. Continuamente los otros nos hacen de espejo, reflejando una imagen de nosotros que nos vuelve de forma positiva o negativa: si las personas con las que nos relacionamos nos dicen que somos encantadores, generosos, buenos, que les caemos bien, no es lo mismo que si hablan a nuestras espaldas, nos evitan o nos insultan. Si los demás creen que valemos, será más fácil que nosotros nos lo creamos.
De nuevo necesitamos un inciso en este segundo punto: Hay que tener en cuenta que no podemos gustarle a todo el mundo, ni controlar la opinión que tienen de nosotros todas las personas que nos rodean
3.- El estilo cognitivo o nuestra manera de pensar, condiciona nuestro tipo de pensamientos y como consecuencia la manera de enfocar cualquier situación.
Un estilo cognitivo positivo nos ayudará a aumentar la autoestima.
Os dejamos un ejemplo del “No puedo”, tipo de pensamiento negativo que sabotea el proceso de construcción de la autoestima:, resultado de lo que en psicología llamamos Síndrome de indefensión aprendida:
“Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe, era también el animal preferido por los niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales… Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.
El misterio sigue pareciéndome evidente.
¿Qué lo sujeta entonces? ¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: “Si está amaestrado, ¿Por qué lo encadenan?”
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta alguna vez.
Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él.
Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro… Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede.
Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo.
Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza…

                                                                                                   Déjame que te cuente… (Jorge Bucay)

Ahora ya sabes qué tienes que trabajar si quieres mejorar tu autoestima:
1.- Proponte objetivos y lucha por alcanzarlos (el post de la semana pasada hablaba de ello).
2.- Trabaja tus habilidades sociales (próximamente haremos un post o varios sobre este tema).
3.- ¿Padeces de indefensión aprendida? ¿Algo que te dijeron cuando eras pequeño o en algún momento de tu vida ha marcado un estilo de pensamiento de “tú no puedes” y ha hecho que no volvieras a ponerte a prueba? (te ayudará el post “da un paso adelante”).

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