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¡Siiiiiiiiiiiii!,  hemos recibido nuestra primera propuesta de post y nos ha hecho tanta ilusión, que hemos decidido posponer lo que teníamos preparado para darle respuesta.

Sonia, dedicado especialmente para ti y para todas aquellas personas a las que nos cuesta aceptar las cosas que no podemos cambiar.

Hace unos años decidimos por primera vez dedicar una semana de nuestras vacaciones familiares con los niños pequeños a hacer un viaje en autocaravana al sur de Francia. Sin saber muy bien en lo que nos estábamos metiendo, nos lanzamos a la aventura y… dicho y hecho, alquilamos uno de esos coches que llevan la casa a cuestas.

Tuvimos que dejar un depósito de 600€ a devolver si a la vuelta la entregábamos sin desperfectos.

Experiencia aparte (m llevaría 5 posts explicarlo y tampoco es que ahora venga mucho al caso), el día de nuestro regreso  nos recibió un trabajador de la compañía de alquiler, el cual tras chequearla tanto por dentro como por fuera, nos recogió las llaves y nos comentó que en unos días nos ingresarían los 600€ de depósito en nuestra cuenta bancaria.

Al abandonar el parking vimos como un señor subía a la autocaravana y se desplazaba por el recinto saliendo finalmente a la carretera dónde, después de un giro, desapareció de nuestra vista.

Un par de días más tarde, recibimos una llamada de la empresa comunicándonos que habían encontrado un golpe en el lateral derecho, justo al lado de la puerta de entrada y que nos descontarían algo más de 400€ de la reparación.

Nuestra indignación fue mayúscula, ¡Pero qué sinvergüencería! Nosotros no habíamos hecho ese golpe, pero aún en el caso de que hubiésemos sido nosotros y no nos hubiéramos dado cuenta, el momento de reclamar el depósito era en la entrega, cuando las dos partes tienen la posibilidad de chequear y cotejar juntos el estado inicial y el final. ¡Quién nos dice que aquel chico que se llevó la caravana a dar una vuelta no fuera el responsable del golpe o cualquier otra persona que la golpeara los siguientes días mientras permaneció aparcada en su parking!

Intentamos razonar con ellos, hacerles entender la situación desde nuestra perspectiva y expresarles nuestros sentimientos de injusticia y de maltrato.

Todo fue en vano pues no hubo manera de hacerles modificar su decisión. Tras unas cuantas llamadas de teléfono, las últimas ya más subiditas de tono, vimos que no teníamos nada que hacer, decidimos asumir que íbamos a perder 400€ y dejamos de llamar.

Aceptar algo que no nos gusta pero sabemos que no podemos cambiar ¡menudo reto!

En primer lugar debemos tener claro que ante una situación que nos incomoda, el primer paso es hacer una lista con las posibles alternativas de solución, analizarlas y descartarlas una a una.

Pero seguro que todos recordamos un montón de ocasiones en las que solucionar o cambiar esta situación incómoda no ha sido posible, la solución no estaba en nuestras manos.

La pregunta es… ¿Cómo mantenerse sereno en estas circunstancias?

Ha llegado el momento de hablar un poco de psicología, concretamente de emociones y pensamientos. Tanto la serenidad o la calma como la intranquilidad o la rabia son emociones.  Primer reto: acepta tus emociones.

Nuestro sistema límbico, que está situado en el cerebro y es el responsable de nuestras respuestas emocionales, se activa tan rápido que en la mayoría de los casos queda fuera de nuestras posibilidades parar su activación. Necesitaríamos  mucho entrenamiento y años de trabajo para conseguir dominar esta explosión. Pero no es imposible, la meditación, el yoga o la relajación son técnicas o prácticas que pueden ayudarnos a conseguir este dominio.

De todas formas, existe otro nivel donde podemos trabajar de forma más cómoda y que comienza después de la explosión emocional que funciona como una señal de alerta, como un mecanismo de defensa que se activa en nuestro cuerpo para señalarnos que una situación representa una amenaza para nosotros.

Llamaremos a   estas explosiones “Derecho a la pataleta” y queremos reivindicarlas y defenderlas como terapia para vaciar la olla a presión, siempre teniendo en cuenta que no podemos hacerlo tirando dardos a diestro y siniestro, sino de forma asertiva o sin violar los derechos personales de los otros (prometemos dedicar un post a este concepto que forma parte de las habilidades sociales en las próximas semanas).

Asociada a la explosión emocional siempre está la producción de pensamientos. Estos funcionan de reforzadores y mantenedores de la emoción negativa.

Hemos  escrito sólo un pensamiento de este tipo: “Pero qué sinvergüencería”,  aunque en la realidad suelen producirse en cascada y de forma automática. Otros serían: “vaya cara dura”, “Yo no me merezco esto”, “Son unos ladrones”, Es una injusticia! Necesito poder hacer algo! …

Todos estos pensamientos mantendrán nuestro estado emocional alterado y nos alejarán de la serenidad mientras no seamos capaces de pararlos o de invertir su polaridad (de negativos a neutros o positivos). ¡Cuidado! el mayor peligro es quedarse atascados aquí.

Existe una técnica conductista para parar los pensamientos que se llama “Parada de pensamiento” aunque creemos más aconsejable  invertirlos, ya que pararlos va un poco en contra de la naturaleza de nuestro propio cerebro, diseñado para no parar de trabajar nunca.

En este caso, lo primero que deberemos hacer es darnos cuenta de que hemos entrado en este círculo vicioso:

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Y luego, comenzar a introducir pensamientos que nos lleven a un estado emocional neutro o positivo como: “No puedo controlar esta situación yo sola porque no depende de mí”, “No es bueno lo que me ha pasado pero puedo aprender de esta situación”, etc.

Cuando la situación que nos altera no es pasajera sino que debemos soportarla cada día, la cosa se complica. Si nos obsesionamos con el tema, puede arruinarnos la jornada una tras otra, con el riesgo de entrar en un proceso de “caída en barrena” como yo lo llamo y que puede llegar a destruir nuestra estabilidad, humor, felicidad, bienestar….

Cuidado porque al entrar en barrena se nos activa nuestra atención selectiva.

Aunque la atención es un mecanismo de ayuda potente en la mayoría de los casos, a veces puede jugar en nuestra contra, por eso saberlo controlar nos puede ser de gran ayuda.

En general ante una situación que nos disgusta, es fácil que este mecanismo se ponga en marcha y nos mantenga constantemente enfocados en ella, sin permitirnos ver más allá.

Un primer ejercicio sería detectar esas otras cosas que están ocurriendo a nuestro alrededor y no las estamos viendo.

Y un segundo ejercicio consiste en plantearnos la situación desagradable como punto de partida: “Bien, esto es así, no lo puedo cambiar, pero a partir de aquí ¿qué me gustaría hacer? ¿Cómo puedo transformar esta situación negativa para mí en un beneficio?… quizás me ayude en mi crecimiento personal.

Como veis, de nuevo necesitamos entrenamiento y esfuerzo para mejorar porque si esperamos que los cambios ocurran dejándonos llevar, nos vamos a frustrar mucho.

Tomemos nota “sin esfuerzo no hay gloria”

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